Exposición: Zaragoza. Una década de cambios, 2008 – 2018

Del 22 de noviembre al 16 de diciembre de 2018, en el Centro Cívico Río Ebro,
se puede contemplar nuestra exposición
“Zaragoza.  Una década de cambios, 2008 – 2018”
Para visitar: CENTRO CÍVICO RÍO EBRO
Edificio José Martí, C/ Alberto Duce, 2 * 50018-Zaragoza
Horario: De lunes a viernes, de 8 a 22 horas. Sábados y domingos de 9 a 21 horas.

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“Zaragoza.  Una década de cambios, 2008 – 2018”

Babel renombró su castigo en una ciudad en la que diversidad, pluralidad y diferencia hilaron el más bello ropaje que se pueda imaginar para la cultura humana. Donde lo distinto enriquecía y proponía una invitación a la hermandad formando una comunidad que durante unas semanas mudó la piel en drapeadas ilusiones y deseos de escuchar al “otro”; esa persona tan diferente de cada uno que con solo intercambiar la mirada nos enriquece, que al escucharla nos invita a dialogar con ella en una retórica que acaba desnudando nuestros prejuicios para ver que de piel hacia dentro todos somos iguales.

El dieciséis de diciembre del año dos mil cuatro la provecta ciudad de Zaragoza fue elegida para convertirse en un crisol humano en torno al multifacético elemento líquido vital: el agua. La base de la vida supuso la llama de un foro mundial que aunó arte, política, encuentro y un sinfín de intenciones. Citas de esta índole suponen un reto para el imperfecto ser humano que sucumbirá en no pocas cruzadas contra sí mismo. Pero la empresa siempre merece la pena pues aun cuando la Utopía pertenece a mapas legendarios trazados con la inocencia, el cartógrafo consigue logros que guían en el futuro.

La derrota de este barco llamado Zaragoza y su Exposición Internacional sobre el agua comenzó el catorce de junio de dos mil ocho a través de una inauguración digna para dioses y mágica como un hechizo. Pero lejos de las alharacas que sumergen todo propósito en una bacanal de sentimientos, la cita no sólo supuso firmas y acuerdos sino que avivó el interés de los políticos españoles por la región de Aragón. De la molicie y el olvido burocrático de una democracia plutócrata se avino la voluntad de los gobiernos de terminar deudas pendientes, adecentar maquillajes ajados para convertirlos en sólidos cimientos con futuro y en definitiva, mirar a la tierra aragonesa con ojos condescendientes abrumados por las lágrimas del gozo.

Lejos del sentimiento hiperbólico se puede esculpir en perenne piedra que la Exposición fue un éxito. Durante esos días en el aire de la ciudad se respiraba una alegría embriagadora. No se podía encontrar en el trasiego de las calles una faz sin sonrisa, y pocos lugares escapaban a la irradiación numinosa de la mascota del evento, Fluvi. La ciudad cambió, pero ¿para siempre? La respuesta es un arma de doble filo porque la pasión aconteció sobre un lecho de arenas movedizas. Ese año, el dos mil ocho, la conocida como “Gran Recesión” devoró a Occidente como un Saturno, pero esta vez no fue un error, fue una consecuencia. Desde entonces y hasta hoy todo ha cambiado. Pero las gentes de Zaragoza mantienen viva la llama de un encuentro a modo de crisol mundial. Las vanguardistas construcciones siguen usándose en gran parte. El espacio de la piel del Río Ebro es ahora un pequeño vergel entre selvático y asfáltico. Más puentes cosen las orillas hermanando a sus gentes. Y sobre todo, nadie en la urbe es ajeno al recuerdo. Nosotros, Círculo Fotográfico de Aragón, tampoco.

Queremos recordar, porque recordar es vivir. Queremos sentir, porque sentir lleva a apasionarse. Queremos mirar atrás para no perder el rumbo. Queremos compartir nuestra obra porque allí está parte de cada uno. Cada fotografía es una forma de mirarnos a nosotros mismos, los autores y los aragoneses, en esta década tan vital. Juntos componemos un espejo a modo de agua cristalina para que el Mundo se vea reflejado. Y en él nuestro paso del tiempo en esta ciudad tan milenaria como los sueños que forjaron la exposición.

Dos mil ocho terminó, pero los años siguientes fueron una evolución del pensamiento. Queremos y sabemos que ese encuentro supuso un pequeño granito de arena en la reacción hacía la salvación del planeta Tierra y con ella nuestra redención. Zaragoza avanzó en esa corriente cambiando sus políticas de convivencia urbana, qué duda cabe, azotadas también de forma inmisericorde por el Vellocino de oro rampando sobre nuestros huesos. Aun así, si algo caracteriza a esta ciudad es su capacidad de mudar la piel manteniendo la esencia. Se vio en la Exposición Internacional del agua y se respira en cada amanecer. Nuestras fotografías son la piel de algo único que somos nosotros mismos. Somos Zaragoza.

 Ángel Burbano Talamás
(Círculo Fotográfico de Aragón)